viernes, 18 de abril de 2008

Jorge Teillier

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............Jorge Octavio Teillier Sandoval, nació en Lautaro el 24 de junio de 1935 y murió el 22 de abril de 1996 en el Hospital Gustavo Fricke de Viña del Mar.

............Entre sus obras destacan: Para ángeles y gorriones (1956), El cielo cae con las hojas (1958), El árbol de la memoria (1961), Poemas de país de Nunca Jamás (1963), Poemas secretos (1965), Crónica del Forastero (1968), Muertes y maravillas (1971), Para un pueblo fantasma (1978), Cartas para reinas de otras primaveras (1985), y el Molino y la higuera (1993).
Principal representante de la llamada “poesía lárica”, apelativo que el mismo acuñara en una entrevista para definir su obra cargada de reminiscencias del pasado anclado específicamente en la llamada “frontera”, territorio de Chile donde el hombre y su entorno natural parecen suspendidos en el tiempo. Al respecto Edmundo Moure Rojas (3) nos dice: “Su origen es muy remoto y tiene que ver con la nostalgia por la pérdida de aquellos espacios; está relacionada con las migraciones humanas, casi siempre forzadas, y por la escisión que produce en los individuos que padecen forzado desarraigo” “Él asumía la cuestión universal de la angustia por la pérdida del paraíso, y desde allí construía su casa verbal, a la manera de los grandes poetas, develando los espacios familiares y provincianos de su infancia, adolescencia y primera juventud, para otorgarles categoría cósmica, a la manera de Rosalía de Castro, de Emily Dickinson, de Georges Trakl, de Antonio Machado...”

............Sobre su obra, Eduardo Llanos Melussa apunta: “Más que un rigor verbal (que no parece en él muy marcado), más que una artesanía del ritmo y la sintaxis (en que otros poetas destacan con más evidencia), en Teillier se admira su atmósfera, su capacidad evocadora y comunicante, su congruencia, su lealtad hacia sí mismo y hacia el oficio. “El poeta –expresa- es el guardián del mito y de la imagen hasta que lleguen tiempos mejores”.”
(3) Jorge Teillier, arquitectura del escritor, 2004.

La voz del autor

............¿Cómo se genera en su mente la concepción de un poema, cuento o ensayo? ¿Cómo identifica ahora ese principio?
Yo creo que ha habido varias etapas, en cuanto a escribir un poema, para mí. De pronto me sale de una sola frase, incluso al azar. Que “dos personas se conocen y se miran al espejo, una va a morir si se aman”: a partir de eso hay una idea poética muy curiosa. Eso lo escuche en una micro, en un viaje de La Ligua a Cabildo. Los amores siempre son como rayos pero no hay que mirarse en un espejo al mismo tiempo. Eso me pareció como un tema poético. A veces son palabras, a veces son situaciones poéticas, a veces quiero resucitar algo, evocar algo, contar la vida de un personaje. Tengo un poema dedicado a un viejo boxeador, sobre el que Braulio Arenas me dijo que le gustaba mucho porque había un distanciamiento respecto del “objeto” al “sujeto”, de quien crea a quien es descrito. Creo en el trabajo últimamente, creo que uno debe estar escribiendo siempre, tomando notas. Ahora, que la lectura es para mí un vicio, entonces me estimula mucho y me dan deseos de escribir. Pero como han escrito lo mismo que yo, a veces digo para qué intentarlo. Pero, pienso que un poeta debe leer mucha poesía. Porque hay una creencia muy extraña –la que he escuchado muchas veces- “yo no quiero leer o no quiero escribir, para no imitar a nadie y porque no quiero repetir”. Al contrario, uno tiene que desarrollar una sola cosa. Todos los temas están hechos, todos los árboles crecen si tú los plantas. Entonces, el tuyo va a crecer de otra manera que el que plantó el vecino.

¿En qué momento de su creación la técnica adquiere una atención impostergable?
La técnica de escribir poemas la adquirí en el colegio. No podría decir si se enseña ahora pero cuando yo tenía 14 años Rubén Azócar nos obligaba a escribir sonetos, a escribir elegías; y aprendía métrica rápidamente. O sea, la técnica yo la adquirí tempranamente, entre loa 14 y 16 años. Un poeta, a partir de esa técnica, es como un carpintero que aprende a manejar el serrucho, el cepillo y la garlopa. Y es necesaria. Pero no puede ser un obstáculo. O sea, si tú te ciñes a la técnica, te haces conceptista, efectista, y, como pasa en mucha juventud donde tienen una especie de jerga “precioso ridículo” o “preciosa ridícula”. Ahí la técnica está antes que el fondo. Hay una especie de poeta de probeta. Creo que cada poeta debe adquirir un lenguaje propio, que, para mí, es el lenguaje convencional. Yo no puedo usar una palabra que no haya dicho alguna vez. Nunca busco las segundas acepciones en el diccionario y aunque me repita no importa. Después, Hay ciertos métodos: me gusta la repetición, como alguna estrofa de pronto, marcar otra, pero esa técnica la adquiere uno por si mismo. No por estudio. Aunque nunca está demás leer a Saussure, o los lingüistas. A mi juicio no debe primar sobre el contenido, sobre el mensaje. El mensaje no lo da la forma. La palabra para mí, debiera desaparecer como cuando tú estás solo y enfrentas un paisaje. Una ciudad desolada no necesita palabras. El lector de poesía no debiera fijarse en las palabras sino llegar a un estado de ánimo que lo transforma en situación y espacio, logrado por el poeta a través de la palabra. La palabra excesiva está matando al poema.
(Jorge Teillier entrevistado por Hernán Ortega Parada en “Jorge Teillier, arquitectura del escritor”, 2004)

Actividades

1. Lea el poema “Otoño secreto” y luego responda:
- ¿A qué etapa de la vida de Jorge Teillier pertenece este texto?
- ¿Fundamente si existe o no relación entre la corriente llamada “larismo” y este poema.
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2. Establezca una relación entre el poema “Sentados frente al fuego” y “Después de la fiesta” que vaya más allá del motivo implícito.
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3. Según las repuestas del autor ¿cuál es la metodología que utiliza para escribir sus textos?
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4. ¿Qué problemas impone la técnica?
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5. Finalmente defina en un breve artículo si comparte o no afinidades con Jorge Teillier en los planos que estime convenientes.

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